Consejos
20.03.2020
En las operaciones de compraventa, las entidades bancarias tratan de asegurarse de que sus acreedores paguen. ¿Cómo lo hacen?

Comprar una casa es un momento por el que gran parte de los españoles vamos a pasar en nuestra vida. El proceso es largo y si eres un lector habitual de nuestro blog, ya sabrás en qué consiste: buscar pisos, comparar precios, negociar, completar la operación de compraventa y por fin, ¡estrenar tu nueva casa! Antes de efectuar la operación, el banco se debe asegurar de que su cliente efectúe el pago. ¿Quieres averiguar cómo lo hacen? ¡Sigue leyendo, en Housell trataremos de despejar todas tus dudas!

Una de las fórmulas más habituales es el aval hipotecario. Éste consiste en un contrato el que, si hay impago, la persona designada asume la deuda de la hipotecada. Un ejemplo práctico, hijos que colocan como ‘escudo’ a sus padres. Obviamente, se trata de una apuesta arriesgada que compromete a un tercero. Y ojo, no solo repercute en su nómina, sino que puede comprometer su patrimonio personal. Hay que tener mucho cuidado, porque sus bienes podrían quedar embargados.

El compromiso se extiende hasta que dura la hipoteca, aun si el deudor falleciera. Acciones, fondos de inversión, pensiones… todo lo que sea susceptible de embargo puede acabar expropiado. Incluso si el avalista fallece, la responsabilidad recaerá en sus herederos. Así lo indica el artículo 1911 del Código Civil, en su apartado 2.3:

“El artículo precisa que el sujeto responsable sea el deudor, y será éste quien responda del incumplimiento. El objeto de la responsabilidad es su patrimonio presente y futuro”.

¿Qué hacer para atenuar la situación?

 

Hay dos opciones:

  • Para reducir este riesgo, puedes optar por pignorar un bien. Esto es, dejarlo como reserva por si hubiera impagos. Imagina que el bien pignorado es tu coche y acuerdas con la entidad bancaria tasarlo en 10.000 euros. Si hubiera deudas, ésta sería el primer importe reclamado y podría evitar males mayores para el avalista. Por tanto, se trata de un pequeño blindaje que proporciona más seguridad, pero que en ningún caso equivale como un remedio definitivo.
  • También puedes limitar las condiciones del aval, bien sea en duración o en lo que respecta a los bienes afectados. Si eliges determinados bienes (su nómina, el coche o su segunda vivienda, pero no su inmueble habitual), será más difícil que el banco acepte tus condiciones, pero obtendrás una seguridad mucho mayor.

¿Todo el mundo puede ejercer esta función?

 

Si piensas que todo el mundo está habilitado para ser avalista, estás bastante equivocado. Los bancos exigen y mucho:

  • Solvencia económica: los ingresos de la persona afectada tienen que ser superiores a las obligaciones del hipotecado. Tampoco es bueno que esa persona aparezca o haya aparecido en listados de ASNEF o impagos. Ten en cuenta que los bancos buscan seguridad y garantías en sus clientes.
  • Nivel de patrimonio suficiente: no solamente vale la nómina o los ingresos fijos o variables, debe haber algo detrás que lo proteja. Cuanto más margen económico y propiedades, mejor para los acreedores.
  • Mayoría de edad: no es ilegal que haya avalistas menores de edad, pero normalmente esto puede causar inseguridad, al tener éstos menos capacidad de ingresos y patrimonio en la mayoría de casos.
  • Bienes sin ningún tipo de cargas: lo que las entidades buscan son clientes sin ninguna deuda y con un historial crediticio impoluto. Esto no siempre es posible, pero lo que nunca quieren ver son números rojos. Si los tienes, tu solicitud quedará denegada casi con total seguridad.

Ahora que ya conoces las condiciones y lo que implica: ¡piénsate muy bien todo antes de elegir esta opción! Si necesitas más información, en Housell te ayudamos. Llámanos gratis al 900 622 162.

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